Hola, les doy bienvenida a mi blog el
Rincón del Comunicador, un pequeño espacio en la red donde conocerás de lo
mismo de siempre con la pequeña diferencia de que, lo que leerás aquí, será carreta hecha por un estudiante universitario especializado en
música que busca entretenerte con temas poco comunes y chistes algo corrientes
relacionados con nuestra actualidad social. Soy comunicador social periodista
con énfasis en Publicidad y Creatividad para el Desarrollo de la Corporación
Universitaria Minuto de Dios con sede en Bogotá. Allí, mientras realizaba mis
estudios descubrí varias pasiones que llenan mi vida actualmente como la
fotografía, en especial aquella relacionada con el concepto artístico y la
bicicleta, la cual uso a diario. Aparte, me considero melómano del género
Grunge; ese aquel que lo representa un rubio americano llamado kurt Cobain, un
tal vocalista de Nirvana. Por otro lado soy amante de la “joda” nocturna que se
arma en el centro de la ciudad en las horas de la noche, además me gusta la
bandeja paisa y la papa criolla en todas sus especialidades culinarias.
Según dicen por ahí mi profesión está catalogada como la
menos rentable y agraciada, y si como la más camelluda del planeta. No obstante
para mí el término “menos rentable” se refiere a que ésta no tiene números como
todas las demás profesiones, “menos agraciada” por motivos de envidia, ya que
mi profesión tiene las chicas más guapas (los que decidieron estudiar
ingeniería de sistemas me entenderán) y “la más camelluda” porque somos
nosotros quienes nos tomamos las molestias de hacer que el mundo gire hacia la
derecha para que tú, querido lector, te enteres hasta del alza del papel de
baño que implementó Venezuela en su nación.

Me gustaría contarles parte de mi vida.
Mi infancia. No tuvo mucha diferencia de
quienes provenimos de los años 90; fue callejear todo el día, jugar
fútbol-cinco en las tardes con tus compañeros de barrio, participar en
escondidas “eróticas” con tus amigas sexys de salón y de hacer una que otra travesura
contra las casas de tus vecinos con un par de “pitos” o “marranitos” de pólvora.
Mis estudios también no fueron muy
distintos a los tuyos. En mi primaria recuerdo como mis profesores eran
multifuncionales en todo el sentido de la palabra; podían pasar de estudiar los
reinos naturales a repasar las tablas de multiplicar en un abrir y cerrar de
ojos. Era impresionante. Podían enchufar su cerebro y dictar el tema de la
clase y la vez vigilar al mamón para que éste no pudiera hablar. Además eran expertos
en calcular el tiempo de cada chico que salía al baño, y de antemano sabían que
cuando demorabas más de 5 minutos en el tocador era porque estabas rayando la
pared con un marcador o te quedabas molestando con la manguera del agua. En
serio… no eran de este planeta y sé que tú me entenderás.
En bachillerato mis profesores eran
idénticos a los de primaria, con la excepción de que ahora tenían que lidiar
con la pubertad de los muchachos y su maniaca obsesión por armar una banda de Heavy Metal, la cual llegaría “a tener un éxito jamás visto” en un país lleno
de Carranga y Reggaetón por doquier. Recuerdo que cada inicio de año los profes
debían escoger qué salón acogerían como directores de grupo. El primer día de
clases, podías observarlos con una bolsa negra en la sala profesores metiendo
la mano en su interior y la vez sacando un papelito. Con esto determinaban de
manera justa quien sería el director de grupo de los insoportables de octavo
grado. El profe de química decía que “dirigir a esos mocosos” era lo peor que le
podía pasar. Eran tan cansones que tuvieron que contratar a un ex militar que
se creía profe para dirigirlos. Para el rector del colegio era combatir fuego
con fuego.
Ahora, en la universidad ya no pasaba lo
mismo; te tocaba una serie de profesores para cada clase, cada uno de ellos
especializado en un tema. Ellos eran gente mayor y tú también, por ende “¡podías
hacer lo que quisieras!” En primer semestre la única profesora que colocaba
fallas era una cristiana proveniente de un colegio de monjas que aún creía en
la oración “la palabra con sangre entra”. En ese momento ella con cariño me
recordó al profesor militar de octavo que renunció a las dos semanas de ser
contratado alegando problemas de sueño y estrés laboral.
Pasó la universidad, uno que otro amor… y
la vida continuaba. Por el momento pasemos al Grunge. (No los quiero aburrir
con mi vida amorosa y demás).
El Grunge. Me empezó a gustar su música en
los 90’s cuando mi hermano mayor escuchaba Nirvana y Pearl Jam a través de una
grabadora y un casete virgen el cual había usado para copiar su música de una
emisora local. Para él era una reliquia de oro poseer el Unplugged de Nirvana;
mucho mejor que tener un anillo de compromiso en el dedo. Años después por
motivos de un Cancer terminal mi hermano dejaría este mundo, pero antes de hacerlo me
inyectó en la yugular su influencia musical. Tiempo después, empezaría a preguntarme de nuevo por él y de paso sobre este género en particular
que tanto lo inspiró en vida.
No
todo era Nirvana y Pearl Jam.
Por esta razón un día en mi habitación,
acompañado por un cigarro y un libro que habla sobre el control del estrés,
empezaría a descubrir un sinfín de bandas provenientes de la influencia de
Seattle tales como Soundgarden, Alice in Chains, Stone Temple Pilots, Mad
Season, Smashing Pumpkins, etc… Desde allí me identifique con el género en cada
detalle de su composición que inclusive empecé a usar Converse, camisas a
cuadros, pantalonetas camufladas y una que otra camiseta rota al estilo Eddie Vedder.
Luego, después de querer tanto este género musical me dije: “no debo ser el único miembro
en el país del sagrado corazón que le guste el Grunge en toda su esencia y que
lo viva tan intensamente como yo lo vivo”
Por esa razón quise ir más allá, y de tanto pensarlo decidí indagar, por mera inquietud periodística, sobre la
escena del grunger colombiano en los últimos años. Eso sí, pensé en ese momento
que el comparativo de Seattle en los 90’s con la Bogotá actual es como la
analogía de verter caviar en el hosico de un marrano (perdón la expresión para
mis queridos lectores cultos), obviamente los contextos son muy distintos; allá
ellos decidían no trabajar por el placer de joder al sistema, acá nos toca
cortarnos el cabello para que nos despidan. Allá los desadaptados viajaban en
una Mini Ban por todos los Estados de EE.UU, acá nosotros nos quedamos
estancados en el trancón de la Autopista Sur para salir a Melgar medio día. Y a
pesar de que el comparativo suena algo terrible no todo parece perdido,
compañeros.
Por ejemplo, me di cuenta de algo y es que
cuando el Grunge Murió, su cadáver explotó como el de una ballena estancada en la arena y como consecuencia, esparció parte
de sus sesos en Colombia. Luego, sus restos pudrieron la tierra y por ende se
regaron por el país gracias a la transpiración de las aguas lluvia que bañaron a
quienes hoy, con un machete en la cintura en vez de un lazo como pantalón, nos
cedieron su filosofía de vida grunger. Es diferente pero a la vez tan idéntica
a aquellos tiempos.
Con estos elementos analizados entendí que
mi objetivo a partir de ahora radica en encontrar esos restos del Grunge que
andan dispersos por el universo colombiano y unirlos en un solo lugar para el
deleite y conocimiento local de quienes deseamos ser como “Hernán Orjuela” en
Sábados Felices o “Jhon Leguizamo” en El Paseo 2; distintos y ordinarios, sin
importar los señalamientos sociales.
O sencillamente, para quienes queremos que
este género sea reconocido en Colombia e identificado con la frase “no andaba
muerto, andaba de parranda”.
Mi vida sigue su curso, y por el momento queridos lectores, no
me cabe más que decirles que estoy muy emocionado por iniciar este
redescubrimiento musical a través de grandes anécdotas e historias de vida que
serán contadas por ustedes, quienes serán la fuerza de existencia de este
blog.
Podemos, entre todos, hacer que el Grunge
en Colombia renazca.
Por último reitero mi invitación a todos
mis lectores para que hagan parte de este proyecto para que opinen, hablen y me
corrijan, si es posible, sobre este gran género musical. De paso les ofrezco un
momento de relajación, con una cerveza en la mano, un cigarrillo o acompañados
por los deseos de saber sobre la escena del Grunge colombiano para que te nades sin flotador por
toda esta onda que te mueve el piso sin explicación alguna.
Este espacio es para quienes aún disfrutamos ver, oír y sentir a los arboles gritar,
las calabazas romperse, las perlas saltar y los jardines cantar. Literalmente.
Gracias.
Las mismas pasiones y sentimientos acobijaron a muchos cuenta habientes que leerán este artículo. Completo
ResponderBorrarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarEncantada con tus comentarios y eso me recordó la bella frase (Es mejor quemarse que disolverse)
ResponderBorrarMuy interesante el texto. Te quería comentar que a mi un poco tarde llegó el gusto por el Grunge, corría el año 2007, en mi casa siempre se escuchó un poco de Nirvana ocasionalmente, un día investigando por internet conocí una banda que se llama Silverchair, no es propiamente Grunge pero desencadenó mi curiosidad por oír más musica de este genero.
ResponderBorrarAun es underground.. pero indagando a los treinton@s saben de lo que dices
ResponderBorrarComencé con esos sonidos a principios de los noventas. Para 1991 había escuchado gracias a mi hermano mayor, algo de música house y pop rock de la época, las emisoras de radio en su mayoría giraban en torno a tonadas de baile y guitarritas inofensivas. Un año después en los mediodías de los sábados aparecía en la TV nacional un programa llamado "Rockactivos" donde emitían video clips de Rock alternativo entre otros géneros en boga, la nueva onda con la que el gobierno Gaviria alienaría y a la vez salvaría (paradójicamente) a una parte de los adolescentes colombianos.
ResponderBorrarEn uno de esos programas conocí el video de "Smells like teen spirit", no me llamó la atención, estaba limpiando las paredes de la escalera de mi casa, cuando de reojo veía a un grupo de rock haciendo un rock áspero. No capté bien el nombre de esa banda, creí qué se llamaba "Nilvana". Así me parecía que lo pronunciaban los disc jockeys de la radio. En una revista llamada "Cante en Inglés" donde traducían las canciones de rock anglo más famosas me di cuenta del error. Luego llegó el single "Come as you are" y me enamoré de la banda. Con "Lithium" me casé con el trío de Aberdeen.
En 1992, Nirvana había abierto la puerta para más bandas de orden alternativo, ya no sólo era R.E.M. vendrían muchas, el rock estaba entrando con fuerza en nuestro país. Desde los noventas hasta la década actual no faltarían los programas musicales dedicados a ese estilo musical.
El Grunge significó para mí un punto de quiebre, dejé de ser un chico bueno y me convertí en un "perdedor" ese era mi propósito y ayudado en 1993 por el Dirt de Alice in Chains y los demás LPS de Nirvana lo conseguí (perdiendo el año escolar). No era para mi música de buen viaje, era mi banda sonora de la frustración, la rabia y la tristeza y sí, la felicidad como cuando escuchaba a todo volumen el cassette original del "Nevermind" que me costó 3.800 pesos en una discotienda del centro comercial "Plaza de las Américas".
ResponderBorrarNo habían chicas hermosas (la que adoraba amaba a otro), el mundo era gris igual qué Seattle (en mi imaginario).
En 1994 leí en el periódico "El Tiempo" la pequeñísima noticia de la intoxicación de Kurt Con Champaña y "Rubinol" jajajaja. Triste y preocupante. Llovía mucho por acá en ese abril en el qué yendo hacia casa desde el colegio y sentado en la buseta, a eso de las 6pm escuché a William Vinasco "Ché" por la emisora “Candela” contándonos a los pasajeros uno de los últimos chismes (para él, muy seguramente) del día. El suicidio del cantante que yo consideraba mi único verdadero amigo en ese momento, me hizo cerrar los ojos, los apagué y prometí no volverlos a abrir hasta que llegará al paradero final, bajé, caminé, y pateé un pequeño perro negro, llegué a mi cama y acostado mirando el techo lloré, fue algo sensible, algo que aún no puedo explicarlo, lloraba hablándole a Kurt, yo lo quería imitar en todo, pero en ese último paso no podía hacerlo.
El Grunge como estereotipo debió morir allí. Desde abril de 1994, ha seguido sin embargo como fantasma nostálgico. Yo escuchaba programas como “El Expreso del Rock” qué me dieron un punto más amplio y adquirí con el tiempo una visión más ecléctica de la música. Hoy tengo 36 años y escucho en gran parte música "underground", superé el duelo y dejé de escuchar exclusivamente a Nirvana y a los otros "tres grandes del sonido Seattle". Para mí el Grunge no debe ser un sonido resucitado fiel copia de las épocas pasadas sino una esencia desarrollada en torno al mestizaje musical. Grupos de la onda belga parecen estar logrando algo nuevo: (Raketkanon, Kapitan Korsakov, Hypochristmutreefuzz entre otros).
En Colombia había grupos como “Juanita Dientes Verdes” y “Catedral”, pero a ninguno de ellos los pude ver en vivo en esos tiempos. Aquí en este país (cómo en otros) fue una moda masiva que se consumió de forma espontánea para dar paso a la onda "numetal".
Gracias por la oportunidad de escribir este recuento. Grunge para mí, una base amada, con artistas excelentes y múltiples, Grunge no son tiempos de comodidad para mí, es sufrimiento sublime.
Diego felicitaciones y muy buenas vibras en este nuevo camino para contarles el cuento a los lectores sobre la escena del grunge en Colombia y cómo se han esparcido esos restos por estas bastas tierras.
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